Muestra homenaje a mi Maestro.

Considero a Jorge Kleiman un maestro en el más amplio sentido de la palabra.

Sabrán que no puedo ser demasiado objetivo en mi apreciación, ya que toda opinión de mi parte, inevitablemente, está teñida de mucho cariño y admiración.
Esto viene de lejos, después de haber iniciado un camino y un proceso de aprendizaje en el lejano 1972, donde tuve el privilegio de ser su “primer alumno” de taller de Pintura y a la vez forjar mis primeras armas en el oficio de Arquitecto.
Nuestro vínculo continuó a la distancia y retomado luego de mucho trajinar, cuando “lo recuperé” luego de su  larga estadía en España, desde donde volvió a la Argentina en el 2005, con la intención de dejar aquí su obra y su legado.
Como él mismo señaló alguna vez frente a una muestra que presentó en la galería de Ruth Benzacar allá por 1976, Kleiman nunca se consideró un expositor, sino un pintor. Y así fue como dedicó su vida a investigar desde la creación, generando sus obras a través del más puro Automatismo.

Los invito al desafío de re-conocer la obra de alguien que durante mucho tiempo investigó, creó y trabajó para producir una de las mayores y magníficas obras en cuanto a su calidad plástica y autenticidad.

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A modo de presentación del Taller de Pintura:

- ¿Qué motivos hay para que algunas personas muestren su obra en conjunto?

- Las curvas que describen sus vidas son la expresión gráfica de ecuaciones   
de alta complejidad, que – en parte por azar, pero en este caso particular
sumado a la necesidad y la alegría de brindar un homenaje al Maestro –
festejan su encuentro en un punto de goce al que llamamos EXPOSICIÓN.

Y  es producto de llevar adelante el complejo proceso de proyectar en forma gráfico-pictórica sobre un soporte cualquiera, sus memorias, dolores, esperanzas y sobre todo sus Deseos.
Al resultado lo llamamos “Obra de Arte”, y está hecho para ser mostrado, como una mano que se tiende al vacío.

Guillermo Gerdel